1ª ETAPA: EN LOS DOS RIOS MAS SAGRADOS DE LA INDIA: EL GANGES Y EL YAMUNA

 

 

Día 6.- Martes 5 de Agosto: Khajuraho-Orchha. Por la mañana nos dirigiremos a Orchha (157 Km, 4 horas).

 

El viaje en carretera por la India nunca dejará de sorprender. Campesinos y pastores, con turbantes que son como manchas de color amarillo, rojo, malva, rosa, caminan entre el polvo ocre que levantan sus rebaños. Las mujeres van vestidas con saris en los mismos tonos, algunos bordados de hilo de oro; lucen joyas de plata vieja y piedras semi-preciosas. Y a lo largo de todas las carreteras, como una nota surrealista, se ven hordas de obreros escuálidos, tocados con turbante blanco y con un paño alrededor de cintura, cavando zanjas para meter tubos de plástico de varios colores. Si nos paramos a preguntar lo que hacen, es posible que nos contesten que están instalando… ¡fibra óptica! Bienvenidos a la India, un país con tantos dioses como leyendas, una caja llena de sorpresas, una fiesta continua para los sentidos, un mundo a caballo entre la Edad Media y la revolución informática. Llegaremos a Jhansi, que es la ciudad importante de la zona. A 18 km. torciendo a la izquierda hacia el sur alcanzaremos un pueblo muy pequeño con algunas tiendas y puestos que ofrecen té, Orchha, una vez allí nos dirigiremos al hotel Orchha Resort y después de almorzar visitaremos el pueblito. Un puente de piedra del siglo XVII comunica esta población con el palacio medieval.

 

La mayoría de las atracciones de Orchha están situadas en el complejo del Fuerte se trata de palacios, templos, cenotafios, y memoriales. Se llega al complejo a través del Puente con múltiples arcos, donde veremos tres palacios dispuestos en forma cuadrangular. El Raj Mahal o Palacio del Rey fue edificado por el Rey Madhukar Shah, contemporáneo del Emperador Akbar, las cámaras reales de este palacio están comunicadas por un laberinto de pasillos en cuyas paredes hay pinturas murales exquisitas y puertas de plata entre sus columnatas, todo ello bajo un techo abovedado. Los demá palacios están unidos por encrucijadas de jardines del mas elegante estilo mogol, con diversos pabellones y fuentes que reciben el suministro de unas canalizaciones subterráneas. El mas impresionante es el Jehangir Mahal, perfectamente simétrico y que combina muros de gran altura con la fragilidad de las celosías de marmol jali, delicadamente decoradas, y esculturas de tipo florido. Fue edificado por el Raja Bir Singh Deo en 1606 para conmemorar la visita del Emperador Mogol Jahangir. Dice la leyenda que el Palacio Rai Parveen Mahal fue edificado por el Rey Indramani para su concubina favorita Rai Parveen. Del mismo modo que el Palacio Raj Mahal, el Templo Ram Raja también es una contribución del Rey Madhukar Shah al que se le liga con una muy extraña leyenda que hay que conocer. Los Templos Chaturbhuj dedicado al Vishnú de los cuatro brazos, con una composición que los reproduce con mucho realismo, y  el de Laksmi Narayan, dedicado a Laksmi, diosa de la riqueza, tiene la mayor parte de sus paredes cubiertas de pinturas, en la actualidad lamentablemente desfiguradas por algunas vandálicas pintadas, en las que se describe la pompa de ña vida cortesana de Orchha. A lo largo del Río Betwa hay unas hileras de cenotafios, cubiertos con cúpula que albergan las cenizas de los primeros soberanos de Orchha. Hay que conseguir en el hotel o en la oficina de turismo el folleto titulado "Un estudio de Orchha"

 

 

ORCHHA, literalmente significa “lugar oculto”, sin duda hace honor a su nombre. Languideciendo entre una maraña de bosques achaparrados y situada a tan sólo 18 Km. en dirección sureste de Jhansi, Orchha fue la antigua capital de la dinastía Bundela y, en la actualidad, sólo recibe parte del flujo turístico que va o viene de o a Khajuraho. La desierta ciudad medieval es, con todo, una joya de la arquitectura, así como un lugar ideal en el que hacer un alto en el largo viaje que lleva hasta los templos. La ciudad de templos shikharas salpicados de guano, palacios derruidos, havelis y cenotafios de piedra arenisca casi oculta por la maleza se extiende olvidada a orillas del tranquilo río Betwa, morada de tropas de langures de rostro oscuro, buitres y bandadas en tránsito de periquitos con plumaje verde brillante.

 

Agrupada a los pies de las exóticas ruinas, se alza hoy una aldea adormecida de casas elegantemente pintadas, puestos de venta en el mercado y un par de atractivos hoteles del gobierno. Es un punto excelente donde relajarse, aunque habría que añadir que se está convirtiendo a pasos agigantados en un destino popular donde pernoctar. Las pequeñas partidas de turistas llegan a la hora del almuerzo y reemprenden viaje a la mañana siguiente. Hecha esta salvedad, antes del mediodía, podrá disfrutar del lugar prácticamente en solitario.

 

Breve historia de Orchha

 

Según una leyenda, el nombre de la dinastía que fundó Orchha, los bundelas, deriva de un antepasado que en el siglo XI sacrificó cinco cabezas cortadas (o cinco gotas de su sangre) a la diosa de la montaña Vindhyabatha, acto que le mereció el nombre de vindhyela «el que ofreció sangre»). Expulsado por sus hermanos de su tierra natal en Varanasi, Vindhyela y sus descendientes erraron por la región central de la India hasta que finalmente se asentaron en Garkhundar, la primera capital de Bundelkhand. Más tarde, a finales del siglo XV, empujados por el sultán de Delhi Tuqluq, los bundelas levantaron el campo y se asentaron en un nuevo emplazamiento más remoto y defendible situado a 45 Km. El antiguo puesto fronterizo malwan en Orchha, situado a horcajadas sobre una isla formada por un pronunciado meandro en el curso del río Betwa, resultó ser una plataforma ideal desde la cual dominar la región cuando el poder de los tuqluq empezó a declinar.

 

Poco después del traslado empezó el trabajo de construcción de las magníficas fortificaciones, palacios y templos en Orchha bajo el mandato del maharajá Rudra Pratap, y se prosiguió después de que el soberano resultara asesinado en el año 1531 cuando intentaba arrebatar una vaca de las garras de un tigre. Más tarde, la fortuna de la dinastía pasó a depender de la buena voluntad de sus poderosos vecinos, los mogoles. Tras ser vencido en el campo de batalla por Akbar, el altivo y piadoso Madhukar Sha casi firmó la sentencia de muerte de su clan dejándose ver en la corte imperial con un tilak rojo untado en su frente, una marca prohibida por el inquebrantable emperador musulmán. Afortunadamente para los bundelas, sin embargo, el osado gesto de Madhukar le hizo merecer el respeto de Akbar, y entre los dos nació la amistad, una alianza que se vio estimulada en los años siguientes por el maharajá más ilustre de Orchha, Bir Singh Deo. Mucho antes de que subiera al trono, el ambicioso joven de la familia Bundela supo ver el valor que tenía estar junto a su homólogo en Delhi, el príncipe Salim. En el año 1601 mandó asesinar al tan aborrecido enemigo de este último, Abdul Fazal, enviándole la cabeza decapitada en una bandeja a Salim. El asesinato enfureció a Akbar, pero nunca fue olvidado por su hijo, quien, al convertirse en el año 1605 en el emperador Jahangir, recompensó aquel brutal acto de Bir Singh Deo, ayudándole a arrebatar el trono de los bundelas a su hermano mayor Ram Sha.

 

Durante sus 22 años de reinado, Bir Singh Deo erigió un total de 52 fortalezas y palacios diseminados en toda la región, entre ellos la ciudadela de Jhansi, el laberíntico Nrsing Dev de Darla y muchos de los edificios más hermosos de Orchha. En 1627 fue asesinado por bandidos cuando regresaba de la llanura del Decán con una caravana de camellos cargados con un botín. Tras su muerte, pronto las relaciones del Bundelkhand con los mogoles se deteriorarían. Los ataques de los ejércitos de Sha Jahan, Aurangzeb y los mahrattas fueron continuados, y un episodio de revueltas de los campesinos jat en el siglo XVIII hizo que los bundelas finalmente abandonaran Orchha y se instalaran en la más segura Tikamgarh. Si se exceptúa el Sheesh Mahal, actualmente convertido en un pequeño hotel, los magníficos monumentos de aquel esplendor quedaron desde entonces prácticamente abandonados. Si bien los templos, los palacios, las tumbas y los jardines mejor conservados de Orchha se hallan a una distancia de la aldea que se puede recorrer cómodamente andando y pueden ser visitados (a velocidad suicida) en 1 día, para sacar mayor partido del viaje lo mejor es tener previsto pernoctar en el pueblo. Si quiere ahondar en la historia de los palacios y en la importancia de sus pinturas murales, vale la pena utilizar la excelente visita guiada con walkman de la MPTDC para ayudar en la visita a los centros de mayor interés (2 h; 50 rupias, más 500 rupias de fianza). Con este aparato se consigue captar la viveza del paisaje, con una audición acompañada de música india medieval y comentarios muy fáciles de seguir. Para mayor información, pregunte en el mostrador de la recepción en el Sheesh Mahal.

 

El Raj Mahal y el Rai Praveen Mahal

 

El primer edificio al que llegará, una vez cruzado el puente medieval de granito en Orchha, es el Raj Mahal (todos los días, 8.30-17 h), cuya construcción fue iniciada por Rudra Pratap y concluida por uno de sus sucesores, el indomable Madhukar Sha. Una vez alcanzado el otro extremo del puente, en la entrada principal, hay que seguir por la izquierda, y luego por la derecha antes de llegar al hotel Sheesh Mahal. De los dos patios rectangulares que contiene en su interior, el segundo, anteriormente utilizado por las maharaníes de la familia Bundela, es el más espectacular. Opulentas estancias reales, balcones y caminos entrelazados se levantan formando pisos simétricos en los cuatro lados, coronados con pabellones acabados en cúpulas y torreones; los aposentos que destacan en el cuadrángulo de la planta baja pertenecieron a las reinas predilectas. Al pasear por el recinto, descubrirá los fragmentos con espejos engastados y las pinturas de colores vibrantes que revisten las paredes y los techos. Algunos de los frisos se hallan aún en un notable estado de conservación, y representan varias de las extrañas encarnaciones de Vishnu, escenas de corte y caza, y animadas celebraciones en las que participan danzantes, músicos y malabaristas. El cuidador del recinto (chowkidar) resulta ser un guía excelente.

 

El Rai Praveen Mahal, al que se llega por un camino que sale del Raj Mahal y discurre por el extremo norte de la colina, es un pequeño apartamento de ladrillos con dos pisos mandado construir por el maharajá lndramani para su concubina a mediados de la década de 1670. La dotada poetisa, música y bailarina Rai Praveen cautivó al emperador mogol Akbar cuando le fue enviada como presente, aunque regresó finalmente a Orchha para pasar allí sus últimos días. Situado entre las laderas profusamente irrigadas de los jardines de Anand Mahal, cuenta con una sala principal de reunión en la planta baja (utilizada para acoger actuaciones de danza y música), un tocador en el piso de arriba y unos frescos apartamentos en el sótano.

 

El Jahangjr Mahal

 

El palacio más admirado de Orchha, el Jahangir Mahal, fue construido por Bir Singh Deo como un monumental agasajo para el emperador mogol cuando éste realizó una visita de estado al lugar en el siglo XVII. Jahangir había llegado a dar a su antiguo aliado el sable de Abdul Fazal, el antiguo enemigo del emperador al que Bir Singh había asesinado algunos años antes. Entrando por una adornada puerta ceremonial, la fachada principal, la orientada al este, presenta aún engaste de azulejos color turquesa. Dos elefantes de piedra flanquean la escalinata, sosteniendo campanas con sus trompas para anunciar la llegada del maharajá. Una vez más, tres pisos de elegantes balcones colgantes, terrazas, apartamentos y cúpulas en forma de bulbo se hallan dispuestos alrededor de un patio central. Este palacio, sin embargo, tiene un carácter mucho más ligero, con un sinfín de ventanas y celosías de piedra tallada que dan al exótico perfil a poniente de Orchha ya un mar de copas de árboles y templos derrumbados en la otra dirección.

 

El Sheesh Mahal

 

Construido a principios del siglo XVIII, mucho después de la defunción de Orchha, el Sheesh Mahal (palacio de los espejos) fue originariamente pensado como una residencia de descanso en el campo para el maharajá local, Udait Singh. No obstante, tras la independencia de la India, la propiedad pasó a manos del gobierno estatal, que actualmente dirige en sus terrenos un pequeño hotel. El palacio más bien achaparrado se alza entre el Raj Mahal y el Jahangir Mahal, en el extremo más alejado de un patio a cielo abierto. Revestido con una capa de cal y despojado de casi todas sus alfombras persas y antigüedades, el edificio conserva más bien poco de su antiguo esplendor, aunque sí ofrece unas sorprendentes vistas desde las terrazas y torretas que coronan el edificio. Las únicas habitaciones a las que merece la pena echar un vistazo, suponiendo que no estén ocupadas (comprobarlo primero en recepción), son las de números palatinos 1 y 2, que disponen de sanitarios adecuados.

 

Alrededores de Orchha

 

Diseminados por los alrededores de la aldea bajo la colina se erigen varios monumentos interesantes. El Ram Raja Mandir se alza en el extremo del pequeño bazar, en un fresco patio hecho de mármol y azulejos. La leyenda local sostiene que Madhukar Sha construyó este edificio como un palacio que estaba destinado a su esposa, Rani Ganesha, y sólo llegó a convertirse en templo cuando una imagen del dios Rama, que la reina había traído sumisamente consigo todo el camino desde su ciudad natal de Ayodhya, no pudo ser levantada del lugar en que ella la había depositado inicialmente. El dios, por lo que parece, sólo había accedido a ser trasladado con la condición expresa de que fuera inmediatamente guardado en el templo que se le debía construir expresamente para él en Orchha. Sin embargo, la consternación se apoderó de la maharaní, cuando al regresar a Orchha, encontró que el templo Chatturbuj aún no había sido terminado. Fiel a su palabra, cuando llegó el momento de transportar a la divinidad hacia el nuevo santuario, la imagen permaneció inamovible en el suelo, donde aún hoy se alza. En la actualidad, el Ram Raja Mandir de colores rosáceos y amarillos es un lugar de peregrinación popular. Durante las principales festividades en honor de Rama, miles de fieles se congregan frente a sus puertas ornamentadas con plata a la espera del momento para efectuar su darshan a la enguirnaldada divinidad que mora en el interior.

 

Con sus enormes shikharas acabados en punta que sobresalen en el perfil de la aldea, el templo que originariamente fue construido para guardar la imagen de la maharaní Ganesha, el Chatturbuj Mandir, está a la altura de tal honor. De planta cruciforme, representando a Vishnu de cuatro brazos, con una altura de siete pisos y espaciosos patios rodeados por balcones de arcadas, recapitula el regio estilo Bundelkhand inspirado por los mongoles, si bien también destacan las influencias de los gustos estilísticos rajputa, persa y europeo. El edificio es insólito si se compara con un templo hindú, al tener muy pocas esculturas y una gran riqueza de espacio, tal vez para dar cabida a los seguidores del culto bhakti (una forma de fe que genera grandes congregaciones de personas en vez de una pequeña elite de sacerdotes) . Puede ascender por la estrecha escalinata que une los diferentes pisos hasta alcanzar el tejado del templo, en el que se practicó una shikhara muy adornada, cuyos nichos permiten hoy anidar a los buitres.

 

Al otro lado de Ram Mandir, un camino discurre por el jardín ornamental de Phool Bagh, cuya arquitectura paisajista refleja el estilo mogol, hasta el Hardaul ka Baithaka, un gran pabellón que el segundo hijo de Bir Singh Deo, Hardaul, aliado de Jahangir y dechado de virtudes románticas, en otro tiempo utilizó para cortejar a sus amantes. Los recién casados acuden a este lugar en busca de la bendición de Hardaul, el cual fue difamado por su celoso hermano, que le acusó de mantener relaciones íntimas con su cuñada y le empujó a suicidarse. Las altas torres que se alzan por encima de los jardines como si fueran los desatendidos pilares de un puente son en realidad dastgirs (literalmente «receptores de viento»), torres de ventilación de estilo persa que proporcionan refrigeración al cercano palacio de Palkhi Mahal, y probablemente son las únicas en su estilo que subsisten en la India.

 

El templo Lakshminarayan Mandir

 

El solitario templo de Lakshminarayan Mandir (todos los días, 8.30-17 h; cámara, 2 rupias) corona un altozano rocoso situado a menos de 1 Km. al oeste de la aldea de Orchha, en el extremo de un largo camino pavimentado. Desde la plaza situada detrás mismo del templo Raro Raja, un paseo de un cuarto de hora a pie le gratificará con hermosas vistas y con la contemplación de pinturas de los siglos XVII y XVIII sencillamente magníficas. Por una pequeña propina, el chowkidar del recinto le guiará por las galerías que ocupan el interior del templo. No se puede dejar de admirar el friso que representa la batalla de Jhansi, en la cual la maharaní aparece en una estancia superior de la fortaleza junto a su caballo, mientras que las tropas británicas armadas con sus mosquetes pasan corriendo por debajo. Otra gran escena de guerra es el épico encuentro entre el demonio Ravana con sus diez cabezas y veinte brazos y el ejército de monos soldados de Rama. En otras partes afloran episodios de la leyenda de Krishna, tan querida por los hindúes, así como retratos de los maharajás bundela y sus logros militares y arquitectónicos. Por último, un pilar lateral lleva grabado el boceto de dos soldados ingleses embriagados; es tanto una parodia de las curiosas costumbres coloniales como una invectiva contra los males de la bebida.

 

Las chhatris

 

Las chhatris junto al río, como una solemne hilera de cúpulas y agujas de color siena cubiertas por la maleza, son las ruinas de Orchha que mayor melancolía desprenden, así como un lugar adecuado en el que poner punto final a la visita de la ciudad. Los catorce cenotafios, monumentos funerarios dedicados a los antiguos soberanos de Bundelkhand, se contemplan mejor desde el estrecho puente o, aun, desde los cantos rodados que hay en la orilla opuesta, lugar en que el visitante consigue el máximo efecto para su reflexión en las sosegadas aguas del río Betwa.

  

Alojamientos: Orchha cuenta sólo con unos pocos establecimientos en los que alojarse; el más elegante y de mejor ambiente es el Sheesh Mahal del MPTDC, un palacio del siglo XVIII reconvertido en hotel. Antigua residencia de retiro en el campo del maharajá local, este pequeño hotel, de trato muy agradable, cuenta con una habitación individual muy barata y siete dobles sin aire acondicionado, todas con una excelente relación calidad-precio, baño y magníficas vistas, Si se lo puede permitir, regálese una noche romántica en un aposento real. Entre las gratificaciones que obtendrá cuente una cena a la luz de las velas en su propia y privada terraza, una bañera y un sanitario con vistas. Se recomienda reservar con antelación. El MPTDC dispone también de alojamiento en su Betwa Cottages, con y sin aire acondicionado; las cabañas tienen una habitación doble y un baño moderno, y están situadas en unos jardines fuera de la ciudad a orillas del río. Cerca de allí está el Orchha Resort, un flamante hotel privado con todas las comodidades de la vida moderna, si bien es algo caro; la reserva se hace a través de sus oficinas en Agra. 

 

 

DATIA-GWALIOR